miércoles, 13 de julio de 2011

Sonrisas vagas de un hermoso caos.


Desde los 16 años que adquirí esta extrañísima costumbre de dibujar duendecitos por todas partes. No sucede todo el tiempo. Y como verán, tampoco se trata de cualquier tipo de duendecitos. Son duendecitos felices, con gorros enormes, que se aparecen entre mis descabelladas ideas justo justo cuando tengo una sonrisa asomándose tímidamente por mis comisuras. Hace una semana que vengo dibujando duendecitos en el aire. En esas ráfagas de viento frío. Los dibujo en los vidrios empañados, en los bordes de mi cuaderno-anotador-de-tareas-de-la-FADU, los dibujo en mi rodilla con mi uña sobre el jean gastado. Hacía mucho tiempo que no los dejaba salir. Ya estaban aburridos de jugar entre ellos. Se habían puesto viejos y estaban hasta un poco pasados de moda. De repente, aire nuevo, invierno, nuevos colores en su guardarropas. Están felices de nuevo. Creo que a veces, está bueno dejar a tus duendes salir a pasear, dejarlos ser, que hablen por vos. A veces, es necesario desempolvar el disfraz de valiente y salir a tropezar... después de todo, para qué habría una de liberar a sus duendecitos sino es para que nos levanten tras la caída, no? Duendecitos y band-aids, protagonistas de mis próximos dibujos... Oh sí.

sábado, 11 de junio de 2011

Creer o no creer, that's the question.

Es cierto que existe ese tipo de gente que cree en las "leyendas populares", en las tradiciones familiares, en las cábalas, en las recetas de la abuela, en los cuentos chinos, en el Gauchito Gil, en Gilda, etc. Para simplificar, hay quiénes creen en muchas pavadas. Que quede claro de antemano, que los respeto mucho.

Está el que cree que, si pone un billete debajo del plato de ñoquis el día 29 de cada mes, se va a hacer millonario. Está mi amiga, la que piensa que, si ve el reloj y le devuelve un número capicúa, tiene que pedir un deseo porque se le va a cumplir. Están los supersticiosos, que no pasan por debajo de escaleras, que no abren paraguas en ambientes cerrados y que si ven un gato negro, cruzan de vereda. También están las quichicientas tradiciones en las que creen religiosamente en mi familia. Como comerse 12 pasas de uva espantosas en año nuevo, mientras intentan brindar con Sidra Real. O ponerse la vedettina rosita en Navidad, porque te va a traer suerte. Hay gente que cree en San Expedito, gente que el 7 de agosto acampa en la iglesia de San Cayetano y gente que peregrina a Luján. Hay quienes creen que este país va a mejorar. Y hay quienes todavía creen en los políticos. Están las que creen en que si te lavás la cabeza "en esos días", te podés morir. O las que creen que realmente el dentífrico sirve para las quemaduras. O las que están seguras de que todo alimento light o diet, sólo por poseer ese nombre, no engorda (no importa las cantidades que te mandes). Hay quienes aún piensan en que la sal sala y el azúcar endulza. Los que creen que si madrugan, Dios los ayuda. O que los que se fueron sin que los echen, van a volver sin que los llamen. Y están aquellos que creen en absolutamente todo lo que dice la televisión. O los que se rezan el Padre Nuestro y tres Ave María antes de un examen, sin siquiera haber tocado un libro. También está mi tía... que cree que un día, mi tío va a despertarla diciéndole: "Amalita, Amalita... nos ganamos el Loto!"...

Más allá de los sueños de mi tía... quería volver sobre esto de que: "ok chicos, yo los respeto". Creo que todos tenemos en claro que ni las vedettinas, ni los billetes, ni los paraguas abiertos, pueden influir de alguna manera en nuestras vidas. Todo bien con las religiones pero creo que es evidente que un cartoncito de morondanga, laminado con contact de 2 pesos, y con una imagen de San Antonio de Padua hecha en Word, con un arcoiris pegado en el fondo y tipografía de dudosa procedencia... no va a hacer milagros. También sabemos que por más de que gane quien gane las elecciones, igual vamos a seeeeeguir quejándonos de todos los que nos gobiernen. Que las barritas pequeñas de cereal con chocolate tienen 100 kcal, al igual que una fibrosa, natural, sana y pesada manzana, y también, más carbohidratos y grasas. Que hay cientos y cientos de personas puntuales que son los perdedores más grandes del Universo. Y que por más que te quedés horas, días, semanas, MESES esperando que te llegue SU mensaje, hay que aceptar la realidad: te cambió por otra. No va a volver a llamar.

Sin embargo... por más contradictorio que parezca, creo que es sumamente válido esto de "creer en". No porque vaya a cumplirse. No porque vaya a dar resultado. No porque realmente nos cambie la vida o nos la aliviane. Hay que creer por el simple hecho de creer. Sin esa pequeñita fe, sin esa esperanza de que las cosas pueden mejorar (o de que al menos, pueden seguir igual) la vida se volvería mucho más amarga de lo que ya es a causa de los sobrecitos de azúcar de "La bolsa de café". Me gusta la gente así. Que cree en pavadas y no tiene miedo de decirlo en voz alta. De animarse a saberse "uno más del montón" y que no le de vergüenza. Después de todo, somos uno más del montón.

Por mi parte, tengo que admitir mi propio mambo. Tengo la insólita costumbre de creer en los poderes mágicos de los boletos de colectivo.... Sí. TOC o como quieras llamarlo. No puedo evitar sumar los dígitos del número de orden del boleto (es importante que sólo sean los dígitos de ese número) y fijarme cuál es la correspondencia del resultado de esa suma, con una letra en el alfabeto. Es decir que por día, tengo dos letras (ida y vuelta), que me están queriendo decir algo que yo tengo que interpretar. (O sea, yo nunca te juzgué por tus plegarias herejes antes del examen de Matemática, sabiendo que jamás aprendiste a sumar fracciones con distinto denominador... ni por tu adicción a creer cada palabra que pronuncia Jorge Rial... así que, ni se te ocurra venir a tratarme de tocadita...... estamos?)

En fin, me fui por las ramas. El punto era sencillo. Es cierto que hay gente que cree en pavadas. Lo importante no es qué tan veraces sean, sino cuánta fe les tengamos. En el día de la fecha, decidí creer ciegamente en una de ellas: "Si quieres que tus sueños se hagan realidad, despierta" o también, como diría un libro de auto-ayuda: "Para que tu deseo/intención se cumpla, sólo tienes que repetírtelo con mucha fuerza varias veces y después sólo relajáte y deja que el Universo haga lo suyo". Así que... ahí voy: "quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños..." (no estoy pidiendo al hombre de mis sueños vieron? nada, aprendí. evolucioné. (?)) "quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños..." Bueno esteeemm, ustedes que tienen más experiencia en esto de creer... y más o menos cuánto falta para que se cumpla?

martes, 7 de junio de 2011

Veinte cero siete.

Una vuelta en la montaña rusa.
El crujido de las cadenas de aquella hamaca abandonada.
Los acordes de un tema en otro idioma.
Las agujas del reloj del living.
El olor a madera que tiene el subte (ese último subte) de las 22:58.
Mareos y ampollas en los pies.
El resplandor de esa (linda) remera en la vidriera.
Una foto llena de rostros completamente nuevos.
Una estrella fugaz sobrevuela la calle Florida.
Mariposas que tocan el timbre.
Un café amargo.
Pintura fresca.
Migas sobre el mantel recién puesto.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Hice un collage. (versión 2011)


Cuando día a día empiezan a bajar los grados Celsius que marcan los numeritos blancos de la esquina inferior izquierda del canal 11, no sólo mis bufandas y accesorios invernales favoritos empiezan a aflorar. También surgen ideas, algunas útiles, otras reciclables pero por sobre todo, muchas curiosamente enredadas. De esas ideas surgen blogs, monólogos en el msn, largos e insólitos mensajes de texto y alguna que otro proyecto creativo (en el mejor de los casos).

Esta mañana, me reencontré con un texto mío de ya dos años de antigüedad (justamente escrito en uno de estos períodos de 10ºC) y me propuse hacerle una "re-make". El "re-diseño" del afiche a causa del reestreno de la película.

4 de mayo del 2011. Se siente como un 29 de junio, para ser sincera. El tapado negro ya inauguró la temporada otoño-invierno, esta vez sin recetas increíbles ni sahumerios de sandía. Por el contrario, en la mesa del living me esperaban cigarrillos, lentes, y pilas y pilas de textos para leer, sobre el Neoclasicismo en Francia y la Revolución Industrial en Inglaterra. En medio de toda esta vorágine artística que tuve que recrear en mi cabeza para por fin, comprender este movimiento, sonó el celular, que creía ya muerto sin batería en la cartera. No esperaba que sonara. A decir verdad creo que hace mucho tiempo que no espero que suene. Pero sonó.

Con su clásico optimismo, él me preguntaba si estaba libre este finde para hacer algo. Fin de semana. Sí. Estamos a miércoles, todavía no almorcé, mi mente está en Paris, tengo mis lentes puestos y ando con un broche-flor en la cabeza. Suspiré con un poco de enojo y le contesté. Porque más allá de todo, era entendible. Él no tenía por qué tener en cuenta mis bizarras costumbres de vida. O entender que para mí, preguntarme qué voy a hacer en el fin de semana un miércoles, es como preguntarme si voy a casarme antes de los 30... También estaba todo este tema de la brecha cultural, las distintas tradiciones, el extranjero viviendo en un país que (después de ocho meses) sigue sin serle familiar. Sobre todo, estaba el tema de "i don't have anything to do all day long, no sé si me entendés". Así que bueno, me mordí el labio inferior y contesté. Haciendo volver a mis neuronas de Paris para que me tiren un par de palabras en inglés. No demasiadas eh, no demasiadas...

Volvió a responderme y no puedo negar que un poco sonreí. Fue en ese instante en el que una idea enredada empezó a germinarse como poroto en mi cabeza despeinada. Era esto lo que yo realmente quería? Por qué le había dado falsas esperanzas a este chico? El "limón para mi tequila" era norte-americano? suizo? italiano? Era siquiera un extranjero con el sueño frustado de convertirse en Michel Bublé, devenido en "profesor" de inglés? O es que en realidad, mi "lemon" DEBÍA ser argentino con vivienda propia, tv gigante, buena carrera hecha en Personal y por $0,50 más, te llevás también a la novia diseñadora que lo lleva a New York? Era Lemon uno de aquellos especímenes que encontrás en un boliche? De los que posiblemente no te llamen el día posterior al "chape" pero sí, un par de días después, para arreglar una salida de mitad de semana? (refiriéndonos más precisamente al miércoles, como día universalmente conocido como de trampa) Quizás, dos años después, seguía estando equivocada.

Parecía que todavía no me había quedado claro que Lemon no iba a aparecer en mi vida con un vaso de Fernet en la mano (ni tampoco con una Coca-Cola) en un boliche de todo por dos pesos en Palermo, sino en una biblioteca. Quizás, Lemon estudiara en la Universidad de Filosofía y Letras, no en la UADE. En su depto, Lemon probablemente, atesoraría discos de pasta de Frank Sinatra o Ella Fitzgerald; no existía la posibilidad de que tuviera un iPod con temas de Las Pastillas del Abuelo o (aún peor) Los Pibes Chorros. Es ley que no usaría, bajo ningún concepto, un flequillo flogger o que se hiciera la planchita; le diría SÍ a los pelos bien despeinados y desprolijos, barbita candado y quizás, hasta usara lentes. Lemon habla español. Es argentino documentado. Católico-apostólico-romano no practicante. Con trabajo. Y con la certeza de que no se reubicará en otro país por el momento. En nuestra primera cita, Lemon de seguro no me invitaría a tomar una cerveza por mi barrio a las 12 de la noche, para luego ir a un hotel. Sino que me diría de ir una tarde a alguna feria copada por San Telmo, o ir a ver tocar a alguna bandita indie amiga, a una expo de Diseño, al Malba, o al Bafici. La cena sería picadita al aire libre, acompañada por una buena cerveza fría. Quizás me llame al otro día, pero sólo para saber como estoy, y cortaría, bien rápido, para que no me asuste o piense que se quiere casar conmigo. Después me invitaría a su casa, me mostraría su colección de discos y por supuesto, tocaría algún tema en la guitarra (Lemon no puede no saber tocar la guitarra). Primero, uno de esos temas sin nombre que sólo lograría que me avergüence, por mi falta de cultura musical, uno de esas canciones que no sabría luego ni un pedacito como para al menos, googlearla para la próxima; y claro, después me daría el gusto, y tocaría alguno de Soda o Babasónicos para hacerme sonreír. Lemon sabe barbaridades de cine, arte, música, metafísica y por qué no, también de pavadas... La noche de la primer cita (según mis cálculos), me debería besar. Sí. Para no tener que hacer un big deal de eso luego. Ahí tiene que estar el beso... un beso que tuviera más cosas qué decir que un simple "te tengo ganas".

El cigarrillo empezó a consumirse y me di cuenta de que el pobre anglo-parlante se merecía una respuesta. Luego de todas estas ideas genialmente enredadas que habían pasado por mi cabeza, pensé en qué gran pérdida de tiempo sería salir con este nuevo "él", que si bien es fanático del jazz, está muy lejos de aquel "limón para mi tequila" argentino, con discos de pasta y camisas escocesas.

8ºC de sensación térmica, decía la tv. Puse la pava en la hornalla, fui por mi saquito de té de manzana y canela, y saqué mi taza animal print... Un par de lápices de colores en mano, papel madera, tijeras y UHU. Sí. Hice un collage. El tener a mi Lemon dibujado y coloreado (y por qué no, ilustrado) en unos papeles era y es, definitivamente, la mejor opción para esta tarde de adelanto invernal...

martes, 3 de mayo de 2011

Des-encontrándonos.

2.891.082 habitantes. 48 barrios. 7 líneas de subte.

No logro entender qué fue eso que hizo que de todos esas dos millones ochocientos noventa y un mil, ochenta y un personas, yo haya puesto mis ojos en vos.

8 años y un mes. 2950 días. 70800 horas, casi te diría exactas, pasaron desde el día en que dejamos de ser dos completísimos extraños. Me pregunto cuánto hubo de causa y cuánto de casualidad, no? ¿Por qué nosotros dos? ¿Por qué no otros? Hace unos años vi una publicidad (o me la contaron, no recuerdo bien) que decía que el Subte llevaba ya X cantidad de años, separando personas, evitando que se concreten vaya uno a saber cuántas historias de amor. Desde ese día, cada vez que me subo a uno, me pregunto qué pasará en el resto de los vagones, de qué o quién me estaré perdiendo, a quién le habrán cerrado la puerta en la cara y tendrá que tomarse el próximo, quién se subirá después de que yo me baje y viceversa. Me di cuenta que la vida en general, tiene algo bastante similar a ese subterráneo. Los trenes (u oportunidades) siempre pasan cada 5 min (pueden tardar un poco más en hora pico) por nuestra estación. Es elección pura y exclusivamente nuestra, el subirnos o no. El escabullirnos, ser rápidos y hasta empujar a quién sea con tal de lograr nuestro fin último, que es en este caso, estar dentro de un cubículo lleno de asientos de madera, muchas ventanas, olor a antigüedad y por sobre todas las cosas, muchísimas personas. Porque ese tren va a pasar una sola vez. Sí. Es cierto. Dentro de 5 pasará otro. Pero y qué pasa si el correcto era ese? Vamos a dejarlo ir? Y si por miedo de que no sea el correcto, nos quedamos quietos... cuánto somos capaces de esperar al que realmente lo sea? Vale la pena quedarse esperando? Creo firmemente que la vida se trata de subirnos a trenes. No de quedarnos mirando. No de esperar al que sea seguro. Al que esté menos lleno. No hay trenes correctos e incorrectos. ESE al que te subiste era el correcto. Y sí. Nunca vas a saber exactamente todo lo que pasa en el resto del tren, ni con el resto del mundo. Puede que cuando vos te subas, se esté bajando el amor de tu vida. O puede que los dos se suban al mismo tiempo a distintos vagones y jamás lo hayan notado. Causalidad o destino? Fue obra de nuestros propios deseos internos? Queríamos realmente desencontrarnos? Quién querría eso? Y si estábamos destinados a encontrarnos, por qué habríamos de desencontrarnos? Y si finalmente nos cruzáramos... sería casualidad, intención hecha realidad o puede que solamente seamos una cadena de factores? Qué pasa si solamente somos dos seres humanos cualquiera que, saliendo a la misma hora del trabajo, un día nos tomamos el mismo subte para volver a casa? Y qué pasa si tan solo fue eso: un encuentro subterráneo entre decenas de cabezas que duró sólo hasta que alguno llegó a destino? Y si el hecho de volver a cruzarnos sólo queda librado a una cuenta matemática engorrosa de probabilidades (nulísimas) de que nos volvamos a subir al mismo tren, a la misma hora y al mismo vagón? Cuánto de destino y cuánto de estadística hay en eso?

Cuántas horas más esperando para bajarme de éste y subirme a un subte nuevo, les voy a agregar a estas 70 mil que ya colecciono? 4.248.000 minutos es demasiado tiempo para seguir esperando que te vuelvas a subir a mi mismo tren.

Río de Janeiro. No sé vos, pero yo bajo acá...

viernes, 22 de abril de 2011

Vingt.trois

Srta. Obsesión observó con atención el pastel de chocolate y frutillas, hasta que sus pequeños ojos verdes se posaron sobre las dos velas de luces bolicheras e incandescentes que estaban sobre él. Ese número no podía estar ahí. Simplemente no podía. Como si en ese instante toda su vida le hubiera pasado por su mente en formato de video de Windows Movie Maker (lo que implicaba fotos de cámara de rollo escaneadas y balada en inglés de los '90 para acompañar), la srta. tuvo miedo. Miedo de que algún ser especial se le apareciera al otro día y le dijera que "esto había sido todo". Que ya no podía seguir quedándose en la Tierra, que el tiempo se le había terminado. Bueno, ella sabía que esto realmente no iba a suceder pero... se le hizo inevitable preguntarse: "qué había estado haciendo todo este tiempo?" Cuáles eran los logros obtenidos? Cuáles los fracasos? Cuáles las cuentas pendientes? El balance le dio números en rojo.

"Hoy te busqué en la rima que duerme, con todas las palabras..." Cerati en su celular indicaba que un nuevo mensaje había llegado. Era evidente que era un saludo de última hora. Las cinco letras que representaban su nombre, aquel nombre por el que lo tenía agendado, la hicieron sonreír. Sin siquiera saber muy bien el por qué. El mensaje no era nada del otro mundo. Bien sobrio, educado y con ese "toque personal" que lo caracterizaba al srito. Bipolaridad. Al instante, las cuerdas vocales de cada uno de los integrantes de su familia empezaron a sonar. Claro, había llegado el momento incómodo del "que los cumplas feliz". Ese minuto de reloj cada 365 días, en donde no sabés en qué pensar, qué hacer, qué cara poner, cómo disimular el hecho de que estás contenta mirando a todos desafinar en tu honor. Una vez terminado el último acorde (?), fue su turno de actuar: pensar lo más rápida y efectivamente posible los 3 mismos deseos de siempre, que nunca en la vida se le habían cumplido, y soplar y soplar, mientras todos aplaudían como queriendo que su soplido sea también (al igual que los deseos) rápido y efectivo. Pero mientras estaba en la fase de: poner los labios en posición de "sople", su abuela se le acercó y le dijo un par de palabritas al oído que la intranquilizaron un poco. El problema fue que ella ya estaba en posición de sople. Por ende, no le quedó otra más que soplar. Soplar como símbolo de: quiero que se me cumplan los deseos. "Mis deseos y los de mi abuela", aparentemente. Sí. Sin querer queriendo, el deseo de su abuela se coló entre los demás. Y no era cualquier deseo. Era EL deseo. EL deseo que Srta. Obsesión no debería haber deseado nunca.

"Nunca me regalaron un ramo de rosas. Nunca me fui de vacaciones con un chico. Nunca me quedé a dormir en la casa de un hombre..."- así le relataba su lista de fracasos a su más íntima amiga, horas después de la velada. Y mientras lo hacía, pensaba en el deseo de la abuela. Pensaba en que no todo era tan trágico como sonaba. El melodrama no era necesario. "Dejá de quejarte por lo que no tenés y concentráte en hacer listas de lo que sí tenés", le dijo la srta. Somatización. Claro. Era muy fácil decirlo. "Pero andá a enfrentarte con los huecos que tiene mi lista de SÍ's" (pensó la srta. O.) No era una cuestión de inconformismo. Era una cuestión de necesitar exactamente lo que le estaba faltando. De estar necesitándolo hace mucho tiempo. Aunque pareciera difícil de creer, esta vez la obsesión no tenía nada que ver. Bipolaridad estaba lejos estando tan cerca y sin embargo, no la trastornaba. Lo que la alteraba era la falta de ese trastorno, consecuencia del srto. B. o de cualquier otro. La ausencia de esa obsesión. La ausencia de todo. La presencia de la nada. Después de todo... qué era de la Srta. Obsesión sin sus obsesiones? Qué le quedaba? Quién era?

Inestable y caprichosa.

Después de la lluvia, del perfume, de la angustia y el sonido del silencio que dejás cuando te vas. Después de no sobrevivir a las mañanas de ese abril, nubladas como rotas. Viajo bien adentro a la ciudad del desencuentro, capital del nuevo centro del vacío existencial. Como me desilusionás, cuando amagás y tiroteás sin terminar las cosas. Libertad, mi casa es un desastre, mi vida un poco más! Corazón, qué caros son los precios del amor! No te encontré en el centro hoy y una secuencia de terror, y soñé pasiones locas con vos, y simplemente pasa que tengo ganas de verte.. y simplemente pasa que… Algo habré perdido que ando tan comprometido en buscar adentro tuyo algo que está adentro mío. Algo para poder tapar mi gran agujero espiritual, mis ilusiones rotas. Creo que buscarte es menos digno que pensarte, más difícil que encontrarte y menos triste que olvidarte. Me preguntaste "no tomás?", te dije "ya no lo hago más" y te aburrió la historia. Libertad, mi casa es un desastre, mi vida un poco más! Corazón, qué caros son los precios del amor! No te encontré en el centro hoy y una secuencia de terror. Y no sé qué está pasando con vos, y simplemente pasa que tengo ganas de verte... y simplemente pasa que… No te encontré en el centro hoy y una secuencia de terror. Y lloré la noche del apagón, y simplemente pasa que tengo ganas de verte... y simplemente pasa que… No te encontré en el centro hoy y una secuencia de terror. Y soñé pasiones locas con vos, y simplemente pasa que tengo ganas de verte... y simplemente pasa que… Tengo ganas de verte.. Tengo ganas de verte.. No te encontré en el centro hoy, igual volví pensando en vos y grité tu nombre en el callejón, y simplemente pasa que tengo ganas de verte, y simplemente pasa que...

-tengo ganas de verte.-