"Hoy te busqué en la rima que duerme, con todas las palabras..." Cerati en su celular indicaba que un nuevo mensaje había llegado. Era evidente que era un saludo de última hora. Las cinco letras que representaban su nombre, aquel nombre por el que lo tenía agendado, la hicieron sonreír. Sin siquiera saber muy bien el por qué. El mensaje no era nada del otro mundo. Bien sobrio, educado y con ese "toque personal" que lo caracterizaba al srito. Bipolaridad. Al instante, las cuerdas vocales de cada uno de los integrantes de su familia empezaron a sonar. Claro, había llegado el momento incómodo del "que los cumplas feliz". Ese minuto de reloj cada 365 días, en donde no sabés en qué pensar, qué hacer, qué cara poner, cómo disimular el hecho de que estás contenta mirando a todos desafinar en tu honor. Una vez terminado el último acorde (?), fue su turno de actuar: pensar lo más rápida y efectivamente posible los 3 mismos deseos de siempre, que nunca en la vida se le habían cumplido, y soplar y soplar, mientras todos aplaudían como queriendo que su soplido sea también (al igual que los deseos) rápido y efectivo. Pero mientras estaba en la fase de: poner los labios en posición de "sople", su abuela se le acercó y le dijo un par de palabritas al oído que la intranquilizaron un poco. El problema fue que ella ya estaba en posición de sople. Por ende, no le quedó otra más que soplar. Soplar como símbolo de: quiero que se me cumplan los deseos. "Mis deseos y los de mi abuela", aparentemente. Sí. Sin querer queriendo, el deseo de su abuela se coló entre los demás. Y no era cualquier deseo. Era EL deseo. EL deseo que Srta. Obsesión no debería haber deseado nunca.
"Nunca me regalaron un ramo de rosas. Nunca me fui de vacaciones con un chico. Nunca me quedé a dormir en la casa de un hombre..."- así le relataba su lista de fracasos a su más íntima amiga, horas después de la velada. Y mientras lo hacía, pensaba en el deseo de la abuela. Pensaba en que no todo era tan trágico como sonaba. El melodrama no era necesario. "Dejá de quejarte por lo que no tenés y concentráte en hacer listas de lo que sí tenés", le dijo la srta. Somatización. Claro. Era muy fácil decirlo. "Pero andá a enfrentarte con los huecos que tiene mi lista de SÍ's" (pensó la srta. O.) No era una cuestión de inconformismo. Era una cuestión de necesitar exactamente lo que le estaba faltando. De estar necesitándolo hace mucho tiempo. Aunque pareciera difícil de creer, esta vez la obsesión no tenía nada que ver. Bipolaridad estaba lejos estando tan cerca y sin embargo, no la trastornaba. Lo que la alteraba era la falta de ese trastorno, consecuencia del srto. B. o de cualquier otro. La ausencia de esa obsesión. La ausencia de todo. La presencia de la nada. Después de todo... qué era de la Srta. Obsesión sin sus obsesiones? Qué le quedaba? Quién era?
No hay comentarios:
Publicar un comentario