No logro entender qué fue eso que hizo que de todos esas dos millones ochocientos noventa y un mil, ochenta y un personas, yo haya puesto mis ojos en vos.
8 años y un mes. 2950 días. 70800 horas, casi te diría exactas, pasaron desde el día en que dejamos de ser dos completísimos extraños. Me pregunto cuánto hubo de causa y cuánto de casualidad, no? ¿Por qué nosotros dos? ¿Por qué no otros? Hace unos años vi una publicidad (o me la contaron, no recuerdo bien) que decía que el Subte llevaba ya X cantidad de años, separando personas, evitando que se concreten vaya uno a saber cuántas historias de amor. Desde ese día, cada vez que me subo a uno, me pregunto qué pasará en el resto de los vagones, de qué o quién me estaré perdiendo, a quién le habrán cerrado la puerta en la cara y tendrá que tomarse el próximo, quién se subirá después de que yo me baje y viceversa. Me di cuenta que la vida en general, tiene algo bastante similar a ese subterráneo. Los trenes (u oportunidades) siempre pasan cada 5 min (pueden tardar un poco más en hora pico) por nuestra estación. Es elección pura y exclusivamente nuestra, el subirnos o no. El escabullirnos, ser rápidos y hasta empujar a quién sea con tal de lograr nuestro fin último, que es en este caso, estar dentro de un cubículo lleno de asientos de madera, muchas ventanas, olor a antigüedad y por sobre todas las cosas, muchísimas personas. Porque ese tren va a pasar una sola vez. Sí. Es cierto. Dentro de 5 pasará otro. Pero y qué pasa si el correcto era ese? Vamos a dejarlo ir? Y si por miedo de que no sea el correcto, nos quedamos quietos... cuánto somos capaces de esperar al que realmente lo sea? Vale la pena quedarse esperando? Creo firmemente que la vida se trata de subirnos a trenes. No de quedarnos mirando. No de esperar al que sea seguro. Al que esté menos lleno. No hay trenes correctos e incorrectos. ESE al que te subiste era el correcto. Y sí. Nunca vas a saber exactamente todo lo que pasa en el resto del tren, ni con el resto del mundo. Puede que cuando vos te subas, se esté bajando el amor de tu vida. O puede que los dos se suban al mismo tiempo a distintos vagones y jamás lo hayan notado. Causalidad o destino? Fue obra de nuestros propios deseos internos? Queríamos realmente desencontrarnos? Quién querría eso? Y si estábamos destinados a encontrarnos, por qué habríamos de desencontrarnos? Y si finalmente nos cruzáramos... sería casualidad, intención hecha realidad o puede que solamente seamos una cadena de factores? Qué pasa si solamente somos dos seres humanos cualquiera que, saliendo a la misma hora del trabajo, un día nos tomamos el mismo subte para volver a casa? Y qué pasa si tan solo fue eso: un encuentro subterráneo entre decenas de cabezas que duró sólo hasta que alguno llegó a destino? Y si el hecho de volver a cruzarnos sólo queda librado a una cuenta matemática engorrosa de probabilidades (nulísimas) de que nos volvamos a subir al mismo tren, a la misma hora y al mismo vagón? Cuánto de destino y cuánto de estadística hay en eso?
Cuántas horas más esperando para bajarme de éste y subirme a un subte nuevo, les voy a agregar a estas 70 mil que ya colecciono? 4.248.000 minutos es demasiado tiempo para seguir esperando que te vuelvas a subir a mi mismo tren.
Río de Janeiro. No sé vos, pero yo bajo acá...
Río de Janeiro. No sé vos, pero yo bajo acá...
No hay comentarios:
Publicar un comentario