Está el que cree que, si pone un billete debajo del plato de ñoquis el día 29 de cada mes, se va a hacer millonario. Está mi amiga, la que piensa que, si ve el reloj y le devuelve un número capicúa, tiene que pedir un deseo porque se le va a cumplir. Están los supersticiosos, que no pasan por debajo de escaleras, que no abren paraguas en ambientes cerrados y que si ven un gato negro, cruzan de vereda. También están las quichicientas tradiciones en las que creen religiosamente en mi familia. Como comerse 12 pasas de uva espantosas en año nuevo, mientras intentan brindar con Sidra Real. O ponerse la vedettina rosita en Navidad, porque te va a traer suerte. Hay gente que cree en San Expedito, gente que el 7 de agosto acampa en la iglesia de San Cayetano y gente que peregrina a Luján. Hay quienes creen que este país va a mejorar. Y hay quienes todavía creen en los políticos. Están las que creen en que si te lavás la cabeza "en esos días", te podés morir. O las que creen que realmente el dentífrico sirve para las quemaduras. O las que están seguras de que todo alimento light o diet, sólo por poseer ese nombre, no engorda (no importa las cantidades que te mandes). Hay quienes aún piensan en que la sal sala y el azúcar endulza. Los que creen que si madrugan, Dios los ayuda. O que los que se fueron sin que los echen, van a volver sin que los llamen. Y están aquellos que creen en absolutamente todo lo que dice la televisión. O los que se rezan el Padre Nuestro y tres Ave María antes de un examen, sin siquiera haber tocado un libro. También está mi tía... que cree que un día, mi tío va a despertarla diciéndole: "Amalita, Amalita... nos ganamos el Loto!"...
Más allá de los sueños de mi tía... quería volver sobre esto de que: "ok chicos, yo los respeto". Creo que todos tenemos en claro que ni las vedettinas, ni los billetes, ni los paraguas abiertos, pueden influir de alguna manera en nuestras vidas. Todo bien con las religiones pero creo que es evidente que un cartoncito de morondanga, laminado con contact de 2 pesos, y con una imagen de San Antonio de Padua hecha en Word, con un arcoiris pegado en el fondo y tipografía de dudosa procedencia... no va a hacer milagros. También sabemos que por más de que gane quien gane las elecciones, igual vamos a seeeeeguir quejándonos de todos los que nos gobiernen. Que las barritas pequeñas de cereal con chocolate tienen 100 kcal, al igual que una fibrosa, natural, sana y pesada manzana, y también, más carbohidratos y grasas. Que hay cientos y cientos de personas puntuales que son los perdedores más grandes del Universo. Y que por más que te quedés horas, días, semanas, MESES esperando que te llegue SU mensaje, hay que aceptar la realidad: te cambió por otra. No va a volver a llamar.
Sin embargo... por más contradictorio que parezca, creo que es sumamente válido esto de "creer en". No porque vaya a cumplirse. No porque vaya a dar resultado. No porque realmente nos cambie la vida o nos la aliviane. Hay que creer por el simple hecho de creer. Sin esa pequeñita fe, sin esa esperanza de que las cosas pueden mejorar (o de que al menos, pueden seguir igual) la vida se volvería mucho más amarga de lo que ya es a causa de los sobrecitos de azúcar de "La bolsa de café". Me gusta la gente así. Que cree en pavadas y no tiene miedo de decirlo en voz alta. De animarse a saberse "uno más del montón" y que no le de vergüenza. Después de todo, somos uno más del montón.
Por mi parte, tengo que admitir mi propio mambo. Tengo la insólita costumbre de creer en los poderes mágicos de los boletos de colectivo.... Sí. TOC o como quieras llamarlo. No puedo evitar sumar los dígitos del número de orden del boleto (es importante que sólo sean los dígitos de ese número) y fijarme cuál es la correspondencia del resultado de esa suma, con una letra en el alfabeto. Es decir que por día, tengo dos letras (ida y vuelta), que me están queriendo decir algo que yo tengo que interpretar. (O sea, yo nunca te juzgué por tus plegarias herejes antes del examen de Matemática, sabiendo que jamás aprendiste a sumar fracciones con distinto denominador... ni por tu adicción a creer cada palabra que pronuncia Jorge Rial... así que, ni se te ocurra venir a tratarme de tocadita...... estamos?)
En fin, me fui por las ramas. El punto era sencillo. Es cierto que hay gente que cree en pavadas. Lo importante no es qué tan veraces sean, sino cuánta fe les tengamos. En el día de la fecha, decidí creer ciegamente en una de ellas: "Si quieres que tus sueños se hagan realidad, despierta" o también, como diría un libro de auto-ayuda: "Para que tu deseo/intención se cumpla, sólo tienes que repetírtelo con mucha fuerza varias veces y después sólo relajáte y deja que el Universo haga lo suyo". Así que... ahí voy: "quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños..." (no estoy pidiendo al hombre de mis sueños vieron? nada, aprendí. evolucioné. (?)) "quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños. quiero el trabajo de mis sueños..." Bueno esteeemm, ustedes que tienen más experiencia en esto de creer... y más o menos cuánto falta para que se cumpla?
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