She lost her youth and she lost her Tony
Now she's lost her mind!
Format C:
14 de febrero del 2012. Qué tan trillada suena la frase "volver a empezar", no? Como si realmente pudiéramos. Creo yo que si ese no es el sueño más grande del ser humano, pega en el palo. Rebobinar. Irte al mazo y repartir de nuevo. Sonido de error e inmediato reinicio del aparato. "Esta vez vamos a hacer las cosas bien". Hagamos de cuenta que lo de antes nunca pasó. Olvidemos. Arranquemos de cero. Desde otro lugar. Todos sabemos que es imposible y por eso será que la idea nos fascina tanto... (Mi película favorita es "Eternal Sunshine of a Spotless Mind", saquen sus propias conclusiones)
Ayer fue domingo. Uno de esos domingos bien domingos, donde el aire que respirás ya huele a domingo. Un domingo que me pedía a gritos ser aprovechado. Había que estudiar, había que planear cosas, había que hacer, había que moverse. Pero desde las 0 am, lo único que pude hacer era sentir que era domingo y que irremediablemente, el día ya estaba perdido. Sólo el que vivió alguna vez un domingo tan pero tan domingo puede entender este tipo sensación de la que les hablo. No es paja ni depresión ni angustia. No. Es otra cosa.
Salimos con una amiga a tomar algo por Palermo. Hacía muchos findes que el clima no estaba tan agradable. Se podía respirar, tomar, fumar. Estábamos contentas, charlando de la vida, de los nuevos planes. Me contó que había decidido estudiar Lic. en Psicología Criminalística y aunque a decir verdad, realmente no me lo esperaba, me alegró muchísimo. Es tan lindo ver a la gente tomar este tipo de decisiones cruciales acerca de su vida. Y con tanta pila además, con tanta expectativa. Sobre todo si es gente querida. Te dan ganas de abrazarlos y decirles: bien, bien, yo sabía que podías. Trago va, trago viene. Terminamos en otro lugar bajoneando papas y cerveza, con sueño y hablando de hombres. Se ve que ya no estamos taaan jóvenes. Por primera vez en estos 4 años que la conozco, me miró y me habló sobre lo que hace muchísimos años estaba esperando que alguien me hablara (pero con completa sinceridad). Sí. Me habló de él. Pero más específicamente me habló de mí. Todavía no salgo de mi asombro sobre cómo funciona el cerebro humano, no? Mi amiga me dijo exactamente lo que pensaba acerca de nosotros dos y acerca de lo que a mí me pasaba tanto con él como con el resto de los hombres. Y yo ahí, escuchándola y pensando: -¿Cómo puede ser que jamás me haya dado cuenta?-
No voy a perder el tiempo haciéndome la humilde. Soy una persona inteligente. Inteligente pero con unos problemas muy severos a la hora de relacionarme con el sexo opuesto. Llegué a mi casa y mi cabeza no pudo parar de maquinar. De atar cabos. Me empezaron a caer las fichas una tras otra. Por primera vez en mucho tiempo, estaba entendiendo. Entendiéndome.
Y como si tuviera un radar que detecta mis ondas cerebrales en movimiento, antes de que pudiera pegar un ojo, me sonó el celular. Era él. Las fichas me estaban cayendo en ese exacto instante. No estaba preparada para nada. No tenía nada realmente decidido. Opté por no hacer nada cuando de repente, se ve que mi inconciente fue más rápido y casi como por un impulso, le contesté (sin siquiera tener muy en claro por y para qué). Me sentí más aliviada que nunca. Y ahí entendí.
Más allá de que esta historia es interminable en un 50% por mi culpa, por idealizarlo al máximo, él estaba ahí. Siempre estuvo ahí. Claro que siempre estuvo ahí porque yo lo dejé, lo sé. Pero por más que yo me metiera en una cápsula espacial, me cortara los dedos para no mandarle nada, él iba (y va) a volver a buscarme siempre. ¿Por qué? No sé y no me interesa en este momento saberlo. Ahí está la clave de todo. No contestarle el mensaje era como esconderme debajo de la cama a esperar que todo se solucione, sabiendo que cuando saliera, todo va a seguir en el mismo lugar. Era irme a vivir a París y dejar todos los problemas acá. Sí. Era la solución cobarde que vengo eligiendo siempre, hasta en lo más simple como contestar o no un mensaje de texto. No hacer ninguna jugada y esperar a que la haga él. Porque... qué pasa si la hago yo y me sale mal? Me banco darme cuenta que está todo en esta cabecita y que la realidad es muy distinta? Me banco que esta historia realmente se termine para siempre? La respuesta cae de maduro. ENE-O. No me lo banqué, no me lo banco y no sé por cuánto tiempo más no me lo voy a bancar. La enferma mental se hizo adicta a este juego psicótico que se creó solita (y con un poco de ayuda) en su cabecita.
Contestar es arriesgarse. Pero contestar de verdad. No hacerse la boluda. Hablar. Actuar. Dejar de quedarse en el molde. Nadie sabe si es la solución (posiblemente no lo sea). Pero estoy más que segura que es mejor que quedarse con los brazos cruzados, resoplando porque él es un idiota que te busca a las 6 am y te hace sentir cual Bobbie Barret, pero sin esposo y doble vida. Enojada porque no lo entendés. Porque no sabés qué busca. Si sabe que no te bancás ser el premio consuelo. Pero, ahora que las fichas están acomodadas, te preguntás: "realmente lo sabe?" Realmente puede entender que estoy enojada o puede resolver mis dudas si yo no se las planteo? De pronto, me sentí de 15.
La conversación terminó con un "él" confesándome que sus padres se habían separado. Sí. Telenovela mexicana, pero de las peores, porque era real, estaba pasando. Y ahí me encontraba yo, dándole mi apoyo y él pudiendo irse a dormir en paz porque yo seguía ahí, al pie del cañón, esperando órdenes.
Todo mi domingo transcurrió en un sin fin de coin-coin-coin's de fichas cayendo. Siempre, siempre, siempre (hasta cuando realmente fui pareja de él) hice lo mismo. Bah, siempre HAGO lo mismo. Verbo presente. No me permito que las cosas buenas lleguen siquiera a asomarse. Me escapo antes. O busco una manera de escaparme igual estando presente. Y cuando no hay ni cosas buenas ni malas a la vista, me ocupo de estar totalmente concentrada en algo que sé que no va a funcionar. Porque el no pensar en nada, me aburre de sobremanera.
Después de la cena, hice zapping y de casualidad agarré el final de "500 days of summer". Sí. Parece como la cereza del postre para este melodrama. Pero no. La verdad es que sonreí con muchísima paz cuando la película terminó. Esta vez puedo entenderla y no enojarme. Me fui a dormir con todo esto en la cabeza y hoy por varias horas, me seguí sintiendo en domingo. Hasta que recién me miré al espejo. Abrí por fin los ojos. Bien abiertos.
Renací. Mi nombre es Lola... Copacabana, y ya no tengo miedo de no tener a quién querer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario